

Recordarte en cada ciudad extraña. Cada luminoso grita tu nombre. Eres una región en la costa. Al Norte.
Persigámonos por las calles de una ciudad rasgada. Una noche en la que ocurran muchas cosas,que no haya final. Ni bueno, ni malo. Simplemente que no exista. Una noche en la que no haya un amanecer en la ciudad.
Letargo.
Cada esquina de la calle es impredecible. Puedo encontrarte. O estar a miles de kilómetros de ti. En tan solo una esquina. En tan solo una palabra. Puedo coger un avión en la dormida estación de Hiroshima. Viajar a Nièvre. Y seguir recordando, como hicimos en aquella austera habitación 118, en la céntrica calle de Hiroshima. Hiroshima, mon amour.
Recordar cada parte de tu cuerpo como si de una región de Asia se tratara.
En blanco y negro.
Y escuchar la Marsellesa desde el sótano más insalubre de Nevers. En un periodo de entreguerras.
Y coger la bicicleta una noche hacia París. Y enterarme hace catorce años de la bomba atómica. Y viajar. Y encontrarte. Viajar.
Y encontrarte.


encontrarte
ResponderEliminar