lunes, 27 de septiembre de 2010

AND WE RUN

Henri Cartier-Bresson - Rumanía, 1975




Por fin, se queda dormida y retiró el brazo de debajo de ella. Se me cierran los ojos. Su cuerpo está ahí, a mi lado.. va a estar ahí hasta mañana, sin duda alguna. (...) Y ahora es un dormitorio triste, su respiración acompasada por la boca, savia que le rezuma todavía entre las piernas, un olor cálido y felino y su cabello en mi boca. Tengo los ojos cerrados. Respiramos nuestro cálido aliento uno en la boca del otro. Muy juntos, América a cinco mil kilómetros de distancia. No quiero volver a verla nunca. Tenerla aquí en la cama conmigo, respirándome en la piel, con su cabello en mi boca.. lo considero como una especie de milagro. Ahora nada puede ocurrir hasta mañana..
Despierto de un sueño profundo para mirarla. Una pálida luz se filtra en la habitación. Contemplo su bella melena en desorden . Siento que algo me baja corriendo  por el cuello. Vuelvo a mirarla, detenidamente. Tiene la cabellera llena. Levanto la sábana. Hay más. Pululan por la almohada. 
Es un poco después del amanecer. Hacemos las maletas a toda prisa y salimos a hurtadillas del hotel. Los cafés están todavía cerrados. Vamos caminando y rascándonos al mismo tiempo. Nace el día con blancura lechosa, estrías de cielo rosa salmón, caracoles que abandonan sus conchas. París. París. Todo puede suceder aquí. Viejos muros decrépitos y el agradable sonido del agua que corre en los urinarios. Hombres que se lamen los bigotes en el bar. Persianas que se alzan con estrépito e hilillos de agua que susurran en los arroyos de la calle. Amer Picon en enormes letreros escarlatas. Zigzag. ¿Qué camino tomar y por qué o dónde o qué?


Trópico de Cáncer. Henry Miller. 1934

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